La tecnología ha sido un dulce manto que ha caído silenciosamente sobre el ser humano desde que éste adquirió la capacidad de razonar, elegir e imaginar. En los dos últimos siglos, con las revoluciones industriales, hemos asistido atónitos a un desarrollo brutal de la tecnología y las ciencias. Evidentemente, el grado de bienestar y el nivel de vida han crecido a la vera de este progreso tecnológico, al menos en aquellos países llamados “desarrollados”. Pero… ¿A qué precio?
Las teorías del contrato social desarrolladas, en un principio por Hobbes, Locke y Rousseau, han propiciado la aparición de sus homólogas contrarias que, al no estar centradas en la noción de “ley”, establecida por el Estado, y “deber”, no agrupan a las personas bajo el bienestar de la comunidad; sino que la sociedad queda conformada por los seres individuales con intereses comunes. Por ello, el poder asociativo de la comunidad se limita a cuestiones puntuales, lo que, equivocada y vulgarmente, ha sido llamado “pragmatismo”.
Asimismo, la caída de los totalitarismos durante el siglo XX y el auge de las democracias liberales han provocado la aparición de una nueva comunidad social y política centrada en su propio desarrollo autónomo y la búsqueda del mayor bienestar posible. Además, la aplicación de la segunda forma del imperativo categórico, el hombre no debe ser nunca usado como medio sino como fin en sí mismo, provoca que no se pueda actuar sin el consentimiento de la persona y, por lo tanto, el individuo se convierte en único dueño de sus actos y la sociedad queda como mera observadora, sin ninguna capacidad de juicio por no ser el sujeto activo.
Por último, un “desánimo antropológico” parece haber calado en las gentes de todas partes, que ven con desconfianza cualquier cambio radical que se pueda dar en la cultura y la sociedad. El miedo a una nueva Guerra Mundial, desplomes económicos o la pérdida de su supuesta libertad y bienestar, obligan a toda una generación a mostrarse conformista con su tiempo y, por ende, a consolidar ese pensamiento dentro de la educación de sus sucesores.
Todo el panorama teórico que ha sido descrito ayuda a comprender los derroteros que está tomando la sociedad del siglo XXI, pero no explican bien qué es lo que realmente está sucediendo en cada país, casa, hogar, familia y conciencias individuales. Con ello, solo hace falta ver el desarrollo que está teniendo internet: con el nos comunicamos mediante chats en los que la personalidad del otro al que nos dirigimos nos queda velada, incluyendo sus gestos corporales; podemos comprar de todo, siempre y cuando tengamos una cuenta y tarjeta bancaria; podemos jugar a videojuegos, leer libros, informarnos, aprender, viajar… Todo lo que se puede hacer, puede hacerse desde la red. Así, el ser humano pasará a ser considerado como “homo virtualis”, ya que todo su existir podrá ser contemplado desde la pantalla de una máquina.
Esto nos lleva irremediablemente a desaparecer como seres sociales, si se considera por ser social el hecho de poder tocar a la persona con la que se está compartiendo algo en un determinado momento. Es probable que la sociedad no desaparezca, porque la necesidad que el ser humano tiene de comunicarse con sus semejantes es natural a su condición de persona, es decir, no es algo cultural y extrínseco a él mismo. Pero las relaciones personales, ya de por sí formalizadas por el liberalismo, tal y como sostiene Buchanam, se despersonalizarán cada vez más, y llegará un momento en el que las necesidades sean resueltas por inteligencias artificiales debidamente programadas…
Los hombres y mujeres se convertirán en agentes económicos destinados a satisfacer las necesidades de otros seres en su misma situación y con él mismo papel dentro de la “sociedad”, si aún pudiese llamarse de esa manera. La comunicación se convertirá en algo puramente apresencial, como ya sucede gracias a internet y los teléfonos. Y sin embargo, se dará la gran paradoja de que, debido al individualismo supuestamente reinante, el ser humano se convertirá, si cabe, en un ser mucho más social, ya que necesitara los recursos que los demás agentes produzcan para él.
A mí entender, el individualismo tecnológico, que es el que trato aquí por la visión hasta ahora descrita de la sociedad, conlleva, entre otras cosas, el desarrollo de la comunicación impersonal y la potenciación de las pequeñas economías gestionadas por individuos parcialmente independientes. Y digo parcialmente, porque la sociedad siempre será necesaria para la supervivencia y desarrollo de la especie… es un existir inevitable.
27 de noviembre de 2006
Abrazos contra el individualismo por Jaime Nubiola
Desconozco el porqué pero siempre he asociado el término "individualismo" a la angustiosa figura de El pensador de Rodin. En 1995, mientras estaba en la Universidad de Stanford escribiendo mi libro El taller de la filosofía pude admirar una de las copias que hizo el escultor, situada entonces al aire libre frente a la magnífica Meyer Library de aquella Universidad. Me impresionó profundamente la enorme tristeza condensada en aquella estatua de una tonelada de bronce delante de aquel enorme almacén de libros.
De hecho en la primera página de mi libro expliqué que su origen se remontaba a la lectura —veinte años atrás— de los estudios de Ernst Gombrich sobre el trabajo de los artistas en las encrucijadas de la historia del arte. El abigarrado taller de un artista del Renacimiento, con sus maestros, aprendices y la mutua colaboración, me había parecido siempre una representación muchísimo más acertada del trabajo de un profesional de la filosofía que la sombría figura de El pensador de Rodin o la de Descartes solitario junto a la estufa. Siempre pensé que el trabajo en filosofía debía ser un trabajo eminentemente cooperativo y comunicativo, no una aventura solitaria parecida a la del náufrago abandonado a su suerte o a la del corredor de maratón que sólo puede confiar en sus propias fuerzas. La filosofía es un trabajo en colaboración con todos los que nos han precedido en esta maravillosa aventura de pensar, con los que viven ahora —con quienes podemos dialogar y de los que podemos aprender— y con los que vendrán después de nosotros. Además, la imagen del taller destaca bien el carácter gremial propio de los saberes artesanales que ambas profesiones —la del filósofo y la del artista— comparten y también cierto sentido manual que tiene la filosofía cuando, por ejemplo en este Grupo, se pone el acento en la escritura.
Tengo para mí que quienes se refugian en la soledad por preservar su originalidad no merecen ni el nombre de filósofos, pues no buscan ni la verdad ni la sabiduría. A este respecto me viene a menudo a la memoria aquellas líneas de Machado que pongo en mis exámenes a mis estudiantes para que las comenten libremente:
"En mi soledad
he visto cosas muy claras,
que no son verdad".
Proverbios y cantares, 1919
El individualismo moderno de cuño cartesiano, tan en boga en la cultura dominante, me parece una forma totalmente distorsionada de comprender al ser humano. Como sugiere la escultura de Rodin, el individualismo lleva a creer que el ser humano mediante la reflexión se aísla, se torna un individuo separado de los demás. Me parece que la verdad es todo lo contrario. El uso de la razón nos lleva a los seres humanos a volcarnos en los demás. En el caso de los filósofos nos mueve a tratar de encontrar razones y argumentos que hagan nuestras vidas —y las de quienes nos leen o escuchan— más humanas, más amables y a aprender a explicárselos a los demás de manera persuasiva.
Me ha impresionado la historia de Juan Mann y el movimiento internacional "Free Hugs". El vídeo en YouTube es conmovedor. Frente al individualismo dominante un joven australiano empieza a regalar abrazos gratis en las calles de Sydney —"A veces todo lo que necesitas es un abrazo", dice— y su ejemplo está recorriendo el mundo. Nosotros los filósofos regalamos abrazos a nuestros lectores cuando les damos argumentos y razones para abrirse a los demás, para no encerrarse en un individualismo destructor. Por eso, cuando pensamos con radicalidad y comunicamos lo pensado a los demás estamos dando abrazos contra el individualismo.
De hecho en la primera página de mi libro expliqué que su origen se remontaba a la lectura —veinte años atrás— de los estudios de Ernst Gombrich sobre el trabajo de los artistas en las encrucijadas de la historia del arte. El abigarrado taller de un artista del Renacimiento, con sus maestros, aprendices y la mutua colaboración, me había parecido siempre una representación muchísimo más acertada del trabajo de un profesional de la filosofía que la sombría figura de El pensador de Rodin o la de Descartes solitario junto a la estufa. Siempre pensé que el trabajo en filosofía debía ser un trabajo eminentemente cooperativo y comunicativo, no una aventura solitaria parecida a la del náufrago abandonado a su suerte o a la del corredor de maratón que sólo puede confiar en sus propias fuerzas. La filosofía es un trabajo en colaboración con todos los que nos han precedido en esta maravillosa aventura de pensar, con los que viven ahora —con quienes podemos dialogar y de los que podemos aprender— y con los que vendrán después de nosotros. Además, la imagen del taller destaca bien el carácter gremial propio de los saberes artesanales que ambas profesiones —la del filósofo y la del artista— comparten y también cierto sentido manual que tiene la filosofía cuando, por ejemplo en este Grupo, se pone el acento en la escritura.
Tengo para mí que quienes se refugian en la soledad por preservar su originalidad no merecen ni el nombre de filósofos, pues no buscan ni la verdad ni la sabiduría. A este respecto me viene a menudo a la memoria aquellas líneas de Machado que pongo en mis exámenes a mis estudiantes para que las comenten libremente:
"En mi soledad
he visto cosas muy claras,
que no son verdad".
Proverbios y cantares, 1919
El individualismo moderno de cuño cartesiano, tan en boga en la cultura dominante, me parece una forma totalmente distorsionada de comprender al ser humano. Como sugiere la escultura de Rodin, el individualismo lleva a creer que el ser humano mediante la reflexión se aísla, se torna un individuo separado de los demás. Me parece que la verdad es todo lo contrario. El uso de la razón nos lleva a los seres humanos a volcarnos en los demás. En el caso de los filósofos nos mueve a tratar de encontrar razones y argumentos que hagan nuestras vidas —y las de quienes nos leen o escuchan— más humanas, más amables y a aprender a explicárselos a los demás de manera persuasiva.
Me ha impresionado la historia de Juan Mann y el movimiento internacional "Free Hugs". El vídeo en YouTube es conmovedor. Frente al individualismo dominante un joven australiano empieza a regalar abrazos gratis en las calles de Sydney —"A veces todo lo que necesitas es un abrazo", dice— y su ejemplo está recorriendo el mundo. Nosotros los filósofos regalamos abrazos a nuestros lectores cuando les damos argumentos y razones para abrirse a los demás, para no encerrarse en un individualismo destructor. Por eso, cuando pensamos con radicalidad y comunicamos lo pensado a los demás estamos dando abrazos contra el individualismo.
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3º sesión del Grupo de Escritura Filosófica
La 3º sesión del Grupo de Escritura Filosófica dejó muy buenas impresiones a todos sus participantes. El texto que se pedía para esa semana sobre "El individualismo", un trabajo mucho más filosófico que los anteriores provocó buenas sensaciones y se apreció una mejoría en la calidad de la redacción de los participantes. Con todo, se echó de menos a Paula, que estaba enferma, y la compañía de Elsa. Sin embargo, el concierto era más importante. Aunque en la próxima sesión recuperaremos los debates y discusiones.
Así, debido a los puentes que se nos vienen encima, la 4º sesión queda señalada para el jueves 14 de diciembre a las 19.00. El tema para esta sesión se centra en "La Amistad", la interpretación es abierta, así que habrá que estrujarse un poco más la cabeza para ver sobre qué punto se escribe.
En los próximos días iré publicando los textos de la sesión del individualismo.
Un saludo a todos los lectores y participantes.
Así, debido a los puentes que se nos vienen encima, la 4º sesión queda señalada para el jueves 14 de diciembre a las 19.00. El tema para esta sesión se centra en "La Amistad", la interpretación es abierta, así que habrá que estrujarse un poco más la cabeza para ver sobre qué punto se escribe.
En los próximos días iré publicando los textos de la sesión del individualismo.
Un saludo a todos los lectores y participantes.
13 de noviembre de 2006
Imaginación frente a realidad: el fenómeno friki por Ignacio Salinas
El fenómeno friki llegó a España hace poco, aunque más bien habría que decir que esa realidad estaba ahí, pero no sabíamos como denominarla. El término friki viene del inglés freak, que significa extravagante, raro o incluso fanático. No obstante, en esta lengua se emplea este término más bien para nombrar a aquellos que quieren llamar la atención, y por eso se comportan de una forma extraña. Lo que nosotros denominamos friki se adecuaría más bien con lo que en inglés se denomina geek.
A todos nos viene a la mente la imagen del algún conocido, o la de alguien que vimos, que lo consideramos un friki. Una persona rara, curiosa, de carácter introvertido y extremadamente aficionada a algún tema extraño. Su estética es característica, y parece acompañarle en su universo de realidad paralela, como un astronauta que lleva su traje espacial no sólo porque lo necesita, sino porque con él se siente preparado psicológicamente para afrontar la nueva realidad a la que se enfrenta. Podría decirse que es una forma de hacerse a su contexto, para que le reciba con el profundo cariño que él también le profesa. El friki construye su mundo, en donde se sumerge con tranquilidad, se siente en casa; un mundo de felicidad paralela donde la imaginación es la que gobierna.
A pesar de lo dicho, la realidad de este fenómeno sociológico no está todavía clara. No sabemos bien qué es realmente un friki: una forma de denominar a un tipo de persona que tiene unos gustos característicos, o bien un insulto, un intento de apuntar con el dedo y reírse del diferente, de aquél que es auténtico y vive como tal. De momento, podemos apuntar un primera característica clara: se es friki, es decir, es algo que conforma un carácter, una forma de ser, y por lo tanto, de enfrentarse a la vida desde un punto de vista distinta al resto. La duda es: este tipo de personas son simplemente originales, o bien son gente rara, “locos” que viven según les marca el hobby que tengan: cartas de rol, videojuegos, películas, cómics o libros de ciencia-ficción… Según parece, se podría más bien decir lo segundo.
El friki es un tipo excesivamente aficionado a determinados hobbies, generalmente relacionados con Internet, en los que se encierra hasta puntos extremos, llegando incluso a distorsionar la realidad. Más que tener ideales propios, se deja llevar por un mundo, que podría decirse que es underground, que le resulta más atractivo, aunque sea falso, no tenga ningún tipo de realidad, y lo único que haga es introducir a sus adeptos en una fantasía de felicidad fingida y de placeres nocivos. Los frikis defienden que encuentran el camino de la vida buena haciendo de una actividad lúdica la razón de su vida. Pues no. Lo único que hacen es confundir la vida con un burdo juego. Sólo se puede vivir en este mundo, porque es el único que hay. Puede que sea muy imperfecto, pero ahí estamos nosotros, cada uno, para cambiarlo. Quien piense que dedicando su vida a adorar tal o cual personaje de película, libro o cómic va por el buen camino, se equivoca absolutamente. Su falsa religión sólo puede encaminarle a una frustración que antes o después aparecerá, y le hará darse cuenta de las fallos que ha cometido, de cómo se ha dejado llevar hacia un camino de oscuridad y simulacro.
La única solución pasa por desaprobar el fenómeno friki, por lo menos en sus manifestaciones más radicales. No se puede permitir que los jóvenes, muchas veces debido a su baja autoestima, caigan en las redes de este nuevo tipo de secta, que homogeneiza a las personas, anulándolas como sujetos independientes y abiertos a la verdadera vida, que sólo puede vivirse en el mundo real, y no en aquél que es fruto de la imaginación. Así, creo firmemente que los frikis deben ser re-orientados hacia la realidad que abandonaron. Es necesario de que con argumentos se les convenza de que se han equivocado. La razón debe prevalecer respecto a la imaginación, que aunque es una parte fundamental de nuestro ser, no puede tomar el control de nuestra vida. La máxima de Marcuse: “La imaginación al poder”, no la entienden bien. La “revolución del 68” buscaba cambiar las cosas, hacer de las utopías proyectos concretos que cambiaran la injusta realidad. Sin embargo, el fenómeno friki no se encamina hacia una mejora de la sociedad, sino que lo que éstos hacen es apartarse de ella, y emplear la imaginación para crear algo sólo para a ellos. La universalidad se rompe, y por lo tanto, desaparece la imaginación, que como utopía, se entrega a la verdad y lucha por que se alcance.
Así, un friki no es alguien que sea original, auténtico, que actúe de la manera en que lo hace por pura conciencia, sino que extrapola una hobby y lo convierte muchas veces en una obsesión. Por favor, no confundamos aquél que lucha por defender aquello que cree que es lo verdadero, lo que es justo, con un friki. Este último lo que debe hacer es moderar sus pasiones y otorgar a sus aficiones el lugar que le corresponden. Todo el mundo tiene hobbies, actividades lúdicas que especialmente le gustan. Por eso no es friki, aunque muchas veces pueda decirse esto. Sólo aquel para el que sus hobbies se conviertan en el fin de su vida, y para ello se aísle del resto, creando una pseudo-realidad en la que lo único que se dé es aquello que impera tal o cual afición, es un friki. Este tipo de personas deben ser ayudadas para que vuelvan a reconducir su vida por los cauces normales, en el mundo real. Se les tiene que enseñar a que utilicen su imaginación para defender proyectos que puedan mejorar el mundo, y no para construir una burbuja de soledad en la que se desvinculen de él.
A todos nos viene a la mente la imagen del algún conocido, o la de alguien que vimos, que lo consideramos un friki. Una persona rara, curiosa, de carácter introvertido y extremadamente aficionada a algún tema extraño. Su estética es característica, y parece acompañarle en su universo de realidad paralela, como un astronauta que lleva su traje espacial no sólo porque lo necesita, sino porque con él se siente preparado psicológicamente para afrontar la nueva realidad a la que se enfrenta. Podría decirse que es una forma de hacerse a su contexto, para que le reciba con el profundo cariño que él también le profesa. El friki construye su mundo, en donde se sumerge con tranquilidad, se siente en casa; un mundo de felicidad paralela donde la imaginación es la que gobierna.
A pesar de lo dicho, la realidad de este fenómeno sociológico no está todavía clara. No sabemos bien qué es realmente un friki: una forma de denominar a un tipo de persona que tiene unos gustos característicos, o bien un insulto, un intento de apuntar con el dedo y reírse del diferente, de aquél que es auténtico y vive como tal. De momento, podemos apuntar un primera característica clara: se es friki, es decir, es algo que conforma un carácter, una forma de ser, y por lo tanto, de enfrentarse a la vida desde un punto de vista distinta al resto. La duda es: este tipo de personas son simplemente originales, o bien son gente rara, “locos” que viven según les marca el hobby que tengan: cartas de rol, videojuegos, películas, cómics o libros de ciencia-ficción… Según parece, se podría más bien decir lo segundo.
El friki es un tipo excesivamente aficionado a determinados hobbies, generalmente relacionados con Internet, en los que se encierra hasta puntos extremos, llegando incluso a distorsionar la realidad. Más que tener ideales propios, se deja llevar por un mundo, que podría decirse que es underground, que le resulta más atractivo, aunque sea falso, no tenga ningún tipo de realidad, y lo único que haga es introducir a sus adeptos en una fantasía de felicidad fingida y de placeres nocivos. Los frikis defienden que encuentran el camino de la vida buena haciendo de una actividad lúdica la razón de su vida. Pues no. Lo único que hacen es confundir la vida con un burdo juego. Sólo se puede vivir en este mundo, porque es el único que hay. Puede que sea muy imperfecto, pero ahí estamos nosotros, cada uno, para cambiarlo. Quien piense que dedicando su vida a adorar tal o cual personaje de película, libro o cómic va por el buen camino, se equivoca absolutamente. Su falsa religión sólo puede encaminarle a una frustración que antes o después aparecerá, y le hará darse cuenta de las fallos que ha cometido, de cómo se ha dejado llevar hacia un camino de oscuridad y simulacro.
La única solución pasa por desaprobar el fenómeno friki, por lo menos en sus manifestaciones más radicales. No se puede permitir que los jóvenes, muchas veces debido a su baja autoestima, caigan en las redes de este nuevo tipo de secta, que homogeneiza a las personas, anulándolas como sujetos independientes y abiertos a la verdadera vida, que sólo puede vivirse en el mundo real, y no en aquél que es fruto de la imaginación. Así, creo firmemente que los frikis deben ser re-orientados hacia la realidad que abandonaron. Es necesario de que con argumentos se les convenza de que se han equivocado. La razón debe prevalecer respecto a la imaginación, que aunque es una parte fundamental de nuestro ser, no puede tomar el control de nuestra vida. La máxima de Marcuse: “La imaginación al poder”, no la entienden bien. La “revolución del 68” buscaba cambiar las cosas, hacer de las utopías proyectos concretos que cambiaran la injusta realidad. Sin embargo, el fenómeno friki no se encamina hacia una mejora de la sociedad, sino que lo que éstos hacen es apartarse de ella, y emplear la imaginación para crear algo sólo para a ellos. La universalidad se rompe, y por lo tanto, desaparece la imaginación, que como utopía, se entrega a la verdad y lucha por que se alcance.
Así, un friki no es alguien que sea original, auténtico, que actúe de la manera en que lo hace por pura conciencia, sino que extrapola una hobby y lo convierte muchas veces en una obsesión. Por favor, no confundamos aquél que lucha por defender aquello que cree que es lo verdadero, lo que es justo, con un friki. Este último lo que debe hacer es moderar sus pasiones y otorgar a sus aficiones el lugar que le corresponden. Todo el mundo tiene hobbies, actividades lúdicas que especialmente le gustan. Por eso no es friki, aunque muchas veces pueda decirse esto. Sólo aquel para el que sus hobbies se conviertan en el fin de su vida, y para ello se aísle del resto, creando una pseudo-realidad en la que lo único que se dé es aquello que impera tal o cual afición, es un friki. Este tipo de personas deben ser ayudadas para que vuelvan a reconducir su vida por los cauces normales, en el mundo real. Se les tiene que enseñar a que utilicen su imaginación para defender proyectos que puedan mejorar el mundo, y no para construir una burbuja de soledad en la que se desvinculen de él.
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11 de noviembre de 2006
Una identidad por favor por Borja Valcarce
Han pasado dos horas desde que me senté delante de la pantalla del ordenador para escribir este ensayo sobre lo que significa ser friki. Tras mucho tiempo investigando en la red, tras miles de lecturas realizadas; incluso tras realizar un test sobre qué es ser friki he llegado a una conclusión… ¡No soy un friki!… Es broma, según el test, sí lo soy, y además con un 63,9% de frikismo. Y a mucha honra.
Por lo tanto, desde el conocimiento práctico que me otorga el hecho de serlo intentaré realizar un acercamiento a las diferentes teorías e hipótesis lingüísticas que tratan de definir qué es ser friki, evidentemente sin conseguirlo, porque es una forma de vida.
Así pues, cuando nos asomamos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española encontramos que la palabra friki no está registrada. Sin embargo, en la Wikipedia encontramos una gran descripción sobre este término. Friki es aquella persona que tiene una afición desmesurada por algún hobby o tema determinado. Sin embargo, como bien acaba afirmando, verdaderamente es friki aquel ser que lo transforma en su forma de vida.
A mi entender, esta concepción está equivocada, ya que, si seguimos las teorías de Wittgenstein, podemos ver cómo esta palabra se usa de diversas maneras según el contexto en la que se pronuncie. El friki se ha visto como una persona que suele ser inadaptada, pasota y tímida e introvertida. Además, para otras personas carecen de interés como seres humanos porque no mantienen conversaciones inteligentes ni tienen una personalidad bien definida… Evidentemente, esto es otro gran error. Es cierto que nos podemos encontrar a muchas personas que son así, pero no todo friki responde a esta descripción. En este mundo podemos encontrar de todo en toda su superficie… ya se sabe, “para gustos los colores”.
Los frikis son personas normales y corrientes que tienen unos intereses determinados y bastante comunes. La palabra tiene su origen en el término inglés freak que significa “extraño y anormal” y se aplicaba a las personas con malformaciones físicas y diferentes grados de subnormalidad. Sin embargo, la palabra se sustantivó para designar a un grupo de personas que, por sus aficiones poco comunes, eran tratadas como parias de la sociedad. Así pues, como toda máscara que se impone sobre la realidad, estas personas aceptaron su condición de “raros” y potenciaron sus rasgos característicos para formarse una identidad común que pudiesen compartir sólo entre ellos.
Pero el término siguió evolucionando hasta perder incluso su sentido despectivo. Hoy en día podría significar a cualquier persona que tiene una obsesión por un tema en concreto. Ciertamente, todavía no se usa de esta forma, pero es cuestión de tiempo, porque a nadie le importa ser llamado friki. De hecho, se ha puesto de moda y ahora todo el mundo quiere ser friki. Al fin y al cabo, significa tener un elevado interés sobre algo. Y en los tiempos que corren, en los que los jóvenes no tienen una identidad establecida salvo la que el alcohol o las drogas pueden otorgarles por las noches, ser friki significa ser alguien distinto a los demás. Es la huida de ese abrazo constrictivo que la sociedad ejerce sobre aquellos miembros que se dejan guiar por las modas institucionalmente establecidas. Por ello, puede decirse que el friki, vergüenza, sátrapa y carga para la sociedad, tiene una identidad. Pero si esta identidad es fruto del círculo social en el que se mueven, es otro tema para otro escrito.
Por lo tanto, desde el conocimiento práctico que me otorga el hecho de serlo intentaré realizar un acercamiento a las diferentes teorías e hipótesis lingüísticas que tratan de definir qué es ser friki, evidentemente sin conseguirlo, porque es una forma de vida.
Así pues, cuando nos asomamos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española encontramos que la palabra friki no está registrada. Sin embargo, en la Wikipedia encontramos una gran descripción sobre este término. Friki es aquella persona que tiene una afición desmesurada por algún hobby o tema determinado. Sin embargo, como bien acaba afirmando, verdaderamente es friki aquel ser que lo transforma en su forma de vida.
A mi entender, esta concepción está equivocada, ya que, si seguimos las teorías de Wittgenstein, podemos ver cómo esta palabra se usa de diversas maneras según el contexto en la que se pronuncie. El friki se ha visto como una persona que suele ser inadaptada, pasota y tímida e introvertida. Además, para otras personas carecen de interés como seres humanos porque no mantienen conversaciones inteligentes ni tienen una personalidad bien definida… Evidentemente, esto es otro gran error. Es cierto que nos podemos encontrar a muchas personas que son así, pero no todo friki responde a esta descripción. En este mundo podemos encontrar de todo en toda su superficie… ya se sabe, “para gustos los colores”.
Los frikis son personas normales y corrientes que tienen unos intereses determinados y bastante comunes. La palabra tiene su origen en el término inglés freak que significa “extraño y anormal” y se aplicaba a las personas con malformaciones físicas y diferentes grados de subnormalidad. Sin embargo, la palabra se sustantivó para designar a un grupo de personas que, por sus aficiones poco comunes, eran tratadas como parias de la sociedad. Así pues, como toda máscara que se impone sobre la realidad, estas personas aceptaron su condición de “raros” y potenciaron sus rasgos característicos para formarse una identidad común que pudiesen compartir sólo entre ellos.
Pero el término siguió evolucionando hasta perder incluso su sentido despectivo. Hoy en día podría significar a cualquier persona que tiene una obsesión por un tema en concreto. Ciertamente, todavía no se usa de esta forma, pero es cuestión de tiempo, porque a nadie le importa ser llamado friki. De hecho, se ha puesto de moda y ahora todo el mundo quiere ser friki. Al fin y al cabo, significa tener un elevado interés sobre algo. Y en los tiempos que corren, en los que los jóvenes no tienen una identidad establecida salvo la que el alcohol o las drogas pueden otorgarles por las noches, ser friki significa ser alguien distinto a los demás. Es la huida de ese abrazo constrictivo que la sociedad ejerce sobre aquellos miembros que se dejan guiar por las modas institucionalmente establecidas. Por ello, puede decirse que el friki, vergüenza, sátrapa y carga para la sociedad, tiene una identidad. Pero si esta identidad es fruto del círculo social en el que se mueven, es otro tema para otro escrito.
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10 de noviembre de 2006
Qué es ser friki por Jaime Nubiola
Entre la gente joven se utiliza de manera creciente el término "friki" para referirse a personas o situaciones muy diversas. Hay quienes dicen que todos tenemos nuestro punto de friki, y otros que limitan ese apelativo a aquellos que están polarizados casi de manera obsesiva con programas de ordenador, videojuegos, cómics japoneses, novelas góticas y otros elementos relativamente marginales de la cultura juvenil. Me dicen que quien compra un diente de tiburón por cinco euros a través de internet es claramente un friki, pero también puede serlo quien viste preferentemente de negro. Un friki es casi siempre antisocial, encerrado en su propio mundo, pero a menudo socializa intensamente con otros frikis como él. Un friki es marginal y obsesivo, es un raro, pero también es cada vez más normal esto de ser raro. Para unos llamar a alguien friki es un insulto, mientras que otros se enorgullecen de ser totalmente frikis. Del mosaico de respuestas incompatibles que obtuve de esta primera investigación entre la gente joven, concluí que la palabra "friki" tenía muchos sentidos y que no estaba muy claro en qué consistía realmente ser friki.
Para ganar en claridad acudí a Google y encontré en Wikipedia una página muy completa sobre la historia y las características de lo friki y el frikismo , e incluso una página dedicada al día del orgullo friki, el 25 de mayo, en conmemoración del estreno del enésimo episodio de Star Wars en el 2006.
El lenguaje juvenil es interesante en sí mismo, pero además, muy a menudo, sugiere horizontes insospechados para la reflexión filosófica, pues apunta a fenómenos emergentes nuevos en el ámbito de la cultura o de los comportamientos sociales (por ejemplo, la ambigüedad del verbo "salir"). En esta ocasión, después de escuchar a diversos estudiantes sobre esta materia, y tratar de adentrarme en la esencia del frikismo, vino a mi memoria la discusión del esencialismo que lleva a cabo Wittgenstein en los parágrafos 65-71 de las Investigaciones filosóficas.
Estaba analizando Wittgenstein cuál era la esencia del lenguaje y después de enumerar múltiples usos del lenguaje, los diversos juegos de lenguaje, se objeta a sí mismo: "No has dicho en ninguna parte qué es lo esencial de un juego de lenguaje y, por tanto, del lenguaje. Qué es común a todos esos procesos y los convierte en lenguaje, o en partes del lenguaje. Te ahorras, pues, justamente la parte de la investigación que te dio en su tiempo más quebraderos de cabeza, a saber, la tocante a la forma general de la proposición y del lenguaje" (IF & 65). Algo parecido podría objetarme yo ahora: te has dedicado a preguntar a la gente joven a quiénes consideran frikis, cuándo usan la palabra friki o sus derivados (frikada, frikaja, etc.), pero no te has adentrado en cuál es la esencia de lo friki, qué es ser friki en sí mismo.
Mi respuesta a esa objeción no puede ser muy distinta de la de Wittgenstein. No hay un conjunto de propiedades necesarias y suficientes que deban poseer todos los frikis. Parafraseando a Wittgenstein, no hay algo que sea común a todos los que llamamos frikis, "no hay nada en absoluto común a estos fenómenos por lo que empleemos la misma palabra para todos, sino que están emparentados entre sí de muchas maneras diferentes. Y a causa de este parentesco, o de estos parentescos, los llamamos a todos" (IF &65) frikis.
No digas: "Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos frikis", sino mira si hay algo común a todos ellos. Si los miras no verás algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y ciertamente toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Y el resultado de ese examen es el siguiente: Vemos una complicada red de parecidos que se superponen y entrecruzan. Parecidos a gran escala y de detalle. No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión "parecidos de familia"; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. —Y diré: los 'frikis' componen una familia (cf. IF & 66-67).
Sin duda, Ludwig Wittgenstein, el pensador más profundo del siglo XX, era bastante friki.
Para ganar en claridad acudí a Google y encontré en Wikipedia una página muy completa sobre la historia y las características de lo friki y el frikismo , e incluso una página dedicada al día del orgullo friki, el 25 de mayo, en conmemoración del estreno del enésimo episodio de Star Wars en el 2006.
El lenguaje juvenil es interesante en sí mismo, pero además, muy a menudo, sugiere horizontes insospechados para la reflexión filosófica, pues apunta a fenómenos emergentes nuevos en el ámbito de la cultura o de los comportamientos sociales (por ejemplo, la ambigüedad del verbo "salir"). En esta ocasión, después de escuchar a diversos estudiantes sobre esta materia, y tratar de adentrarme en la esencia del frikismo, vino a mi memoria la discusión del esencialismo que lleva a cabo Wittgenstein en los parágrafos 65-71 de las Investigaciones filosóficas.
Estaba analizando Wittgenstein cuál era la esencia del lenguaje y después de enumerar múltiples usos del lenguaje, los diversos juegos de lenguaje, se objeta a sí mismo: "No has dicho en ninguna parte qué es lo esencial de un juego de lenguaje y, por tanto, del lenguaje. Qué es común a todos esos procesos y los convierte en lenguaje, o en partes del lenguaje. Te ahorras, pues, justamente la parte de la investigación que te dio en su tiempo más quebraderos de cabeza, a saber, la tocante a la forma general de la proposición y del lenguaje" (IF & 65). Algo parecido podría objetarme yo ahora: te has dedicado a preguntar a la gente joven a quiénes consideran frikis, cuándo usan la palabra friki o sus derivados (frikada, frikaja, etc.), pero no te has adentrado en cuál es la esencia de lo friki, qué es ser friki en sí mismo.
Mi respuesta a esa objeción no puede ser muy distinta de la de Wittgenstein. No hay un conjunto de propiedades necesarias y suficientes que deban poseer todos los frikis. Parafraseando a Wittgenstein, no hay algo que sea común a todos los que llamamos frikis, "no hay nada en absoluto común a estos fenómenos por lo que empleemos la misma palabra para todos, sino que están emparentados entre sí de muchas maneras diferentes. Y a causa de este parentesco, o de estos parentescos, los llamamos a todos" (IF &65) frikis.
No digas: "Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos frikis", sino mira si hay algo común a todos ellos. Si los miras no verás algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y ciertamente toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Y el resultado de ese examen es el siguiente: Vemos una complicada red de parecidos que se superponen y entrecruzan. Parecidos a gran escala y de detalle. No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión "parecidos de familia"; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. —Y diré: los 'frikis' componen una familia (cf. IF & 66-67).
Sin duda, Ludwig Wittgenstein, el pensador más profundo del siglo XX, era bastante friki.
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