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13 de noviembre de 2006

Imaginación frente a realidad: el fenómeno friki por Ignacio Salinas

El fenómeno friki llegó a España hace poco, aunque más bien habría que decir que esa realidad estaba ahí, pero no sabíamos como denominarla. El término friki viene del inglés freak, que significa extravagante, raro o incluso fanático. No obstante, en esta lengua se emplea este término más bien para nombrar a aquellos que quieren llamar la atención, y por eso se comportan de una forma extraña. Lo que nosotros denominamos friki se adecuaría más bien con lo que en inglés se denomina geek.

A todos nos viene a la mente la imagen del algún conocido, o la de alguien que vimos, que lo consideramos un friki. Una persona rara, curiosa, de carácter introvertido y extremadamente aficionada a algún tema extraño. Su estética es característica, y parece acompañarle en su universo de realidad paralela, como un astronauta que lleva su traje espacial no sólo porque lo necesita, sino porque con él se siente preparado psicológicamente para afrontar la nueva realidad a la que se enfrenta. Podría decirse que es una forma de hacerse a su contexto, para que le reciba con el profundo cariño que él también le profesa. El friki construye su mundo, en donde se sumerge con tranquilidad, se siente en casa; un mundo de felicidad paralela donde la imaginación es la que gobierna.

A pesar de lo dicho, la realidad de este fenómeno sociológico no está todavía clara. No sabemos bien qué es realmente un friki: una forma de denominar a un tipo de persona que tiene unos gustos característicos, o bien un insulto, un intento de apuntar con el dedo y reírse del diferente, de aquél que es auténtico y vive como tal. De momento, podemos apuntar un primera característica clara: se es friki, es decir, es algo que conforma un carácter, una forma de ser, y por lo tanto, de enfrentarse a la vida desde un punto de vista distinta al resto. La duda es: este tipo de personas son simplemente originales, o bien son gente rara, “locos” que viven según les marca el hobby que tengan: cartas de rol, videojuegos, películas, cómics o libros de ciencia-ficción… Según parece, se podría más bien decir lo segundo.

El friki es un tipo excesivamente aficionado a determinados hobbies, generalmente relacionados con Internet, en los que se encierra hasta puntos extremos, llegando incluso a distorsionar la realidad. Más que tener ideales propios, se deja llevar por un mundo, que podría decirse que es underground, que le resulta más atractivo, aunque sea falso, no tenga ningún tipo de realidad, y lo único que haga es introducir a sus adeptos en una fantasía de felicidad fingida y de placeres nocivos. Los frikis defienden que encuentran el camino de la vida buena haciendo de una actividad lúdica la razón de su vida. Pues no. Lo único que hacen es confundir la vida con un burdo juego. Sólo se puede vivir en este mundo, porque es el único que hay. Puede que sea muy imperfecto, pero ahí estamos nosotros, cada uno, para cambiarlo. Quien piense que dedicando su vida a adorar tal o cual personaje de película, libro o cómic va por el buen camino, se equivoca absolutamente. Su falsa religión sólo puede encaminarle a una frustración que antes o después aparecerá, y le hará darse cuenta de las fallos que ha cometido, de cómo se ha dejado llevar hacia un camino de oscuridad y simulacro.

La única solución pasa por desaprobar el fenómeno friki, por lo menos en sus manifestaciones más radicales. No se puede permitir que los jóvenes, muchas veces debido a su baja autoestima, caigan en las redes de este nuevo tipo de secta, que homogeneiza a las personas, anulándolas como sujetos independientes y abiertos a la verdadera vida, que sólo puede vivirse en el mundo real, y no en aquél que es fruto de la imaginación. Así, creo firmemente que los frikis deben ser re-orientados hacia la realidad que abandonaron. Es necesario de que con argumentos se les convenza de que se han equivocado. La razón debe prevalecer respecto a la imaginación, que aunque es una parte fundamental de nuestro ser, no puede tomar el control de nuestra vida. La máxima de Marcuse: “La imaginación al poder”, no la entienden bien. La “revolución del 68” buscaba cambiar las cosas, hacer de las utopías proyectos concretos que cambiaran la injusta realidad. Sin embargo, el fenómeno friki no se encamina hacia una mejora de la sociedad, sino que lo que éstos hacen es apartarse de ella, y emplear la imaginación para crear algo sólo para a ellos. La universalidad se rompe, y por lo tanto, desaparece la imaginación, que como utopía, se entrega a la verdad y lucha por que se alcance.

Así, un friki no es alguien que sea original, auténtico, que actúe de la manera en que lo hace por pura conciencia, sino que extrapola una hobby y lo convierte muchas veces en una obsesión. Por favor, no confundamos aquél que lucha por defender aquello que cree que es lo verdadero, lo que es justo, con un friki. Este último lo que debe hacer es moderar sus pasiones y otorgar a sus aficiones el lugar que le corresponden. Todo el mundo tiene hobbies, actividades lúdicas que especialmente le gustan. Por eso no es friki, aunque muchas veces pueda decirse esto. Sólo aquel para el que sus hobbies se conviertan en el fin de su vida, y para ello se aísle del resto, creando una pseudo-realidad en la que lo único que se dé es aquello que impera tal o cual afición, es un friki. Este tipo de personas deben ser ayudadas para que vuelvan a reconducir su vida por los cauces normales, en el mundo real. Se les tiene que enseñar a que utilicen su imaginación para defender proyectos que puedan mejorar el mundo, y no para construir una burbuja de soledad en la que se desvinculen de él.

11 de noviembre de 2006

Una identidad por favor por Borja Valcarce

Han pasado dos horas desde que me senté delante de la pantalla del ordenador para escribir este ensayo sobre lo que significa ser friki. Tras mucho tiempo investigando en la red, tras miles de lecturas realizadas; incluso tras realizar un test sobre qué es ser friki he llegado a una conclusión… ¡No soy un friki!… Es broma, según el test, sí lo soy, y además con un 63,9% de frikismo. Y a mucha honra.

Por lo tanto, desde el conocimiento práctico que me otorga el hecho de serlo intentaré realizar un acercamiento a las diferentes teorías e hipótesis lingüísticas que tratan de definir qué es ser friki, evidentemente sin conseguirlo, porque es una forma de vida.

Así pues, cuando nos asomamos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española encontramos que la palabra friki no está registrada. Sin embargo, en la Wikipedia encontramos una gran descripción sobre este término. Friki es aquella persona que tiene una afición desmesurada por algún hobby o tema determinado. Sin embargo, como bien acaba afirmando, verdaderamente es friki aquel ser que lo transforma en su forma de vida.

A mi entender, esta concepción está equivocada, ya que, si seguimos las teorías de Wittgenstein, podemos ver cómo esta palabra se usa de diversas maneras según el contexto en la que se pronuncie. El friki se ha visto como una persona que suele ser inadaptada, pasota y tímida e introvertida. Además, para otras personas carecen de interés como seres humanos porque no mantienen conversaciones inteligentes ni tienen una personalidad bien definida… Evidentemente, esto es otro gran error. Es cierto que nos podemos encontrar a muchas personas que son así, pero no todo friki responde a esta descripción. En este mundo podemos encontrar de todo en toda su superficie… ya se sabe, “para gustos los colores”.

Los frikis son personas normales y corrientes que tienen unos intereses determinados y bastante comunes. La palabra tiene su origen en el término inglés freak que significa “extraño y anormal” y se aplicaba a las personas con malformaciones físicas y diferentes grados de subnormalidad. Sin embargo, la palabra se sustantivó para designar a un grupo de personas que, por sus aficiones poco comunes, eran tratadas como parias de la sociedad. Así pues, como toda máscara que se impone sobre la realidad, estas personas aceptaron su condición de “raros” y potenciaron sus rasgos característicos para formarse una identidad común que pudiesen compartir sólo entre ellos.

Pero el término siguió evolucionando hasta perder incluso su sentido despectivo. Hoy en día podría significar a cualquier persona que tiene una obsesión por un tema en concreto. Ciertamente, todavía no se usa de esta forma, pero es cuestión de tiempo, porque a nadie le importa ser llamado friki. De hecho, se ha puesto de moda y ahora todo el mundo quiere ser friki. Al fin y al cabo, significa tener un elevado interés sobre algo. Y en los tiempos que corren, en los que los jóvenes no tienen una identidad establecida salvo la que el alcohol o las drogas pueden otorgarles por las noches, ser friki significa ser alguien distinto a los demás. Es la huida de ese abrazo constrictivo que la sociedad ejerce sobre aquellos miembros que se dejan guiar por las modas institucionalmente establecidas. Por ello, puede decirse que el friki, vergüenza, sátrapa y carga para la sociedad, tiene una identidad. Pero si esta identidad es fruto del círculo social en el que se mueven, es otro tema para otro escrito.